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	<title>Zutano de Tal</title>
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	<modified>2009-01-07T08:46:37Z</modified>
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		<name>Ñetro</name>
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	<copyright>Copyright 2009, Ñetro</copyright>
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		<title>Confesión</title>
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		<content type="text/html" mode="escaped"><![CDATA[EN LA HABITACIÓN<br /><br /><br />Primer Acto<br /><br /><br />(Lorenzo escribe rápido un correo)<br /><br /><br />LORENZO.-Había estado pensando en decirte algo al oído, muy bajito como para que me escuches y no me oigas; desde hacía mucho tiempo que traía en mi alma y mi mente las ganas de ser francamente decidido pero siempre volvía a mí el temor de ofenderte, de hacerte daño, de lastimar esa parte   que de nuevo empezó a germinar en ti con la ayuda de todo este yo que he venido procurándome darte, como una cosa consecuente con la amistad que de un tiempo a esta parte hemos venido realizando; lastimar por ejemplo tu confianza reanudada en las personas, lastimar también esas ganas de sonreír que nuevamente en tu rostro esbozaban alegrías, y por que no, esas ganas de vivir que ya no tenías.<br />Siempre recuerdo cómo ese primer beso dubitativo que una tarde me lo brindaste, más que temerosa, incrédula de que yo sea quien te lo pedía  y absorto te lo recibía, no fueron peticiones audibles sino por el contrario mudas y sobreentendidas, exigidas por las circunstancias, dadas el momento; recuerdo cómo éste dio paso al primer beso, al segundo y luego al sexo.<br />Al encuentro yo no sé como llegaste, no supe nunca cómo y qué pensaste. Nos entretuvimos en todo, desde besarnos los labios hasta besarnos todo el cuerpo, ¿qué me arrepiento? ¡Jamás suceda eso! Por el contrario, vivo contento y recordando que ese día mi pecado me enseño a sentir que también soy humano, que tuve suerte de ser en tus brazos que a mí mismo quebrantaba <br /><br />¿Te has preguntado por qué ha cambiado el sabor de mis besos? Es que no puedes negarlo, de un tiempo a una parte has empezado a sentirlos distintos, más plenos, más intensos, más tiernos, con una cuota de dulzura inusual en mis anteriores labios; ¿será que de un tiempo a ahora ha cambiado mi sentimiento? ¿será que ahora ya no te quiero ? Creo que es porque te amo.<br />Aún tengo tiempo (al menos eso creo) para seguir escribiendo, antes de dormir el sueño obrero, me da ganas de seguir diciéndote cosas sinceras, de aquellas que salen del alma, sin vergüenza, con pena de herir, con temor de ofender pero con ansias de ser escuchado, no sólo oído, buscan de ser aceptadas.<br />¿En que terminará esta historia?.<br /><br />(Termina de escribir, se alista y sale a noctambular su existencia)<br />]]></content>
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		<title>Para Eva</title>
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		<content type="text/html" mode="escaped"><![CDATA[Los peces se columpian<br />en las algas<br />y un tinte de carmín<br />tiñe las olas<br />cuando ella<br />besa mis labios<br />frescos como la aurora  <br /> <br />Las aves se reposan<br />en las nubes<br />y una lluvia de rosas<br />cae sobre el sol<br />cuando ella<br />como una golondrina toca<br />mi densa piel con amor<br /> <br />Con la flor de los vientos<br />conversaba, yo, un picaflor<br />le pregunté ¿por qué amaba tanto?<br />y siempre miraba el sol,<br />le pregunté cuál es su nombre,<br />&quot;Eva&quot;,<br />me respondió.<br />]]></content>
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		<title>Poema IV</title>
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		<content type="text/html" mode="escaped"><![CDATA[Cuando el alma muere desangrada<br />a pesar que el sol brilla en el infinito,<br />a pesar que la luna llena vuelve como siempre;<br />cuando las lágrimas se condensan en una<br />como hoyo en el pecho<br />forando desesperanzas<br />a pesar que las aves y sus trinos<br />despierten mis mañanas,  <br />a pesar que con su frescor a pino<br />viertan las hierbas, primaveras;<br />a pesar que<br />las cosas buenas pinten de alegría mi existencia<br />y aún así<br />acuda a mí la nostalgia;<br />cuando me sienta triste,<br />aunque sonrían mis labios...<br />sé<br /> que<br /> vos estas,<br />aunque lejos y ausente, tal vez<br />ajena,<br />estas,<br />presente y presta;<br />para si no con un beso,<br />una caricia animarme el alma<br />que de tanto llanto<br />ya no sangra...<br />siento que vos estas<br />como cuando yo para ti estuve,<br />porque sos<br />el pincel que retoca el paisaje de mi vida,<br />sos<br />la cortina que vela el sol<br />que furioso daña,<br />eres mi escuela y mi enseñanza;<br />en ti enfrío penas y<br />ahogo nostalgias,<br />olvido que ella existe y que<br /> tú<br />conmigo<br />somos poesía.<br />]]></content>
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		<title>Poema III</title>
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		<content type="text/html" mode="escaped"><![CDATA[<br />Quería hacerlo con mis propias manos<br />por eso te he esperado<br />vaga, traviesa, loca, amorosa,<br />tierna compañera<br />para que<br />del contacto con tu adultez<br />pueda mi verde trigo<br />madurar  <br />y tamizada mi noctámbula<br />existencia,<br />verter aromas sinceros, <br />dibujar sentidos pliegues<br />en mi rostro<br />y de mi pulso escribir<br />verdaderamente versos<br />del alma,<br />alma<br />que agradece cada golpe, cada herida<br />pues<br />cuando sopla sobre ellos<br />el delicado viento de<br />tu voz,<br />calma,<br />no sólo la herida<br />si no <br />ella misma...<br />y puedo dormir entonces<br />tranquilo<br />sabiendo<br />¡qué bueno es estar vivo!<br />y <br />beber agua de tus besos.<br /><br /><br />]]></content>
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		<title>Te Quiero</title>
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		<content type="text/html" mode="escaped"><![CDATA[<br /><br />Para sentir tu voz,<br />que otrora acariciaba mis tardes furtivas<br />por ti ocasionadas,<br />humedezco mi rostro y junto<br />mi cabello  <br />para regalarlos al viento<br />para que en su soplar distante,<br />entre otras cosas,<br />me haga recordarte...<br />en ese frescor de primavera madura<br />que como fruto pleno<br />espera darse completo<br />lleno de dulzura.<br /><br />Para sentir tu aroma<br />que en ocasiones alimentaban mis días<br />para ti vividos y por ti engendrados,<br />me sirvo del rocío<br />que una vez<br />le robe a esa flor...<br />su encanto<br />y de su espinar en mi carne<br />me haga despertar<br />y comprobar<br />tal como que sangro,<br />así te quiero.<br /><br />                                                                                             No sabes lo bien que me haces.<br /><br />                                                                                                                                ]]></content>
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		<issued>2007-11-24T00:00:00Z</issued>
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		<title>Don José</title>
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		<content type="text/html" mode="escaped"><![CDATA[<br />Un erizado gato negro con un mechón blanco en la punta de la cola irrumpió desesperado gruñendo y arañando desde atrás   de la cortina de la ventana rebotando de un lado a otro por toda la sala echando abajo los antiguos jarrones chinos de porcelana, el selecto florero familiar de finísima cristalería francesa y rasguñando el vestido púrpura de ceda india de la abuela; el polvo de los aspavientos se levantó como una nube lenta que se va acercando desde lejos ante el atónito hálito de los presentes que más que asustados, veían incrédulos caerse los preciados objetos rompiéndose y alejarse el ruidoso estrépito en un chinchineante eco; como la escena de una realidad ajena. Ni siquiera la escandalosa sangre que en una fina hilera empezaba a escurrirse por la lastimada pierna de la abuela para terminar ensanchándose en el mohoso y agrietado suelo de nogal había llamado la atención por el charco que en segundos terminó expandiéndose, densa y coagulada; fue sólo al empezar a bullir cual agua oxigenada en una herida abierta que todos cambiaron de rumbo y sentido de sus miradas y conversación,<br />CONTINUARA]]></content>
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		<issued>2007-07-15T00:00:00Z</issued>
		<modified>2007-07-15T00:00:00Z</modified>
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		<title>Virgen María del Carmen</title>
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		<content type="text/html" mode="escaped"><![CDATA[Virgen María del Carmen<br /><br /><br />Jamás hubiera imaginado que cada beso mío en   sus mejillas todas las mañanas al saludarla despertarían su deseo, socavarían una parte de su integridad, exacerbarían su libidinosidad. <br />La primera vez que la vi fue lo primero que me llamó la atención al entrar en la nave;  entre todos los hombres destacó una figura andrógina, desde el rincón; con cuarenta y tantos sutiles años que al andar se apreciaban ligeros, pero al hablar parecían, a veces, pesados. Observándo con detenimiento, bajo ese horripilante uniforme existía una, no sé si discreta belleza.<br />-Tanto gusto, me llamo Julio- me identifiqué.<br />-El gusto es mío- respondió claro, levemente cortante, con una voz sonora, más grande que su propia estatura evadiendo mi mirada con un gesto ambiguo sin permitirme saber si era vergüenza o enfado. Una reciente madurez y una agridulce sonrisa y ojos que habían empezado a remarcarse por surcos que deja, tal vez el desengaño, las lágrimas o el tiempo pero que sin embargo no habían podido disolver el dulce marrón de caramelo en sus ojos.<br /> [more] CONTINUARA]]></content>
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		<issued>2007-07-15T00:00:00Z</issued>
		<modified>2007-07-15T00:00:00Z</modified>
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		<title>Pienso que</title>
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		<content type="text/html" mode="escaped"><![CDATA[Para salvarnos de una situación apurada, pienso, somos   igual de mentirosos que aquellos a los que reprochamos continuamente esa mendacidad y por cuya causa arrastramos a esa gente continuamente por el barro y la despreciamos, ésa es la verdad; en general, no somos en nada mejores que esa gente que continuamente consideramos sólo como gente insoportable y repulsiva, como personas repelentes, con las que, en lo posible, queremos tener poco que ver, mientras que, sin embargo, si somos sinceros, hemos de reconocer que tenemos que ver continuamente con ellas y somos exactamente igual que ellas. Reprochamos a esas gentes todas las cosas insoportables y repugnantes imaginables y nosotros mismos no somos menos insoportables y repugnantes que ellas, pienso. <br /><br />De &quot;Tala&quot;]]></content>
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		<title>La Ciudad Encantada</title>
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		<content type="text/html" mode="escaped"><![CDATA[Versión corregida.<br /><br />La Borrada Julia<br /><br />Está buscando por toda la ciudad; recorre y recorre dando vueltas por una avenida que a cada tanto le deja la impresión de haberla transitado.  “Pero si estos son los mismos lugares por los que acabo de pasar hace   [more]  un momento”.<br /> El taxista le dice:<br /> –Señor, hace media hora que estamos en la Avenida España, ¿Quiere decirme qué lugar busca? <br />A punto está de responderle cuando otra exigencia llama su atención.<br />     -¿Aló?, ¡Ah! Tú -Contesta.  <br />-Bien mi amor, estoy haciendo unas gestiones -Escucha atento, piensa qué decir. <br />-En cuanto pueda voy a por ustedes; sí cariño, no te preocupes, estoy bien, bueno, ya voy, iré, no te preocupes, sí, no tardo, ya voy <br />-Termina la llamada refunfuñando entre dientes. <br /><br /> Hacía tres años que en la casa de los padres de Raquel había probado ese raro potaje, que en primera instancia le pareció algo confuso, tal vez al principio se dejó llevar por el aspecto; es que nunca antes lo había oído ni mucho menos probado y sospechaba que aquellas tiras de piel a las que los lugareños llamaban “pellejo”, esas costillas saladas que secaban colgadas en algún lugar de la cocina impregnándose de todos los olores y sabe Dios de qué otras cosas, y todos los ingredientes y aparejos que se entremezclaban para la elaboración de esa comida, eran un poco antihigiénicos, como dañinos para el cuerpo. Melindroso al elegir sus alimentos, acostumbraba no combinar frutas con verduras, dulce con salado, grasas saturadas con harinas; no tardó en dictaminar que aquella mezcla de trigo con habas, garbanzos, fríjoles, judías pintas con tocino,  jamón y ese mal llamado “pellejo” no serían de su agrado; siempre fue de preferencias exquisitas. Pensó, a lo más, que de servirse todo cocido y los granos dispuestos como guarnición de las carnes, tal vez así podría tolerarlo. Habría que ver.<br /> <br />-Es que, es que, es, es la tercera vez que estoy en Trujillo y creo que me he perdido -responde al chofer un poco desconcertado, consciente de no conocer el lugar que esta buscando. Pretende distinguirlo fácilmente, encontrarlo por su propia cuenta.<br />-Por si no lo sabe, la Avenida España es un círculo al que podemos darle de vueltas todo el día -increpa el taxista, serio.<br /> -Qué le parece si mejor me dice qué lugar busca, cosa que así puedo comunicarme con la base de radio de la empresa y ellos ya me orientarán –agrega un poco más tranquilo.<br /> <br />Recordó lo que aquella vez había preguntado, “Raquel, cariño, ¿a qué hora van a servir ese plato del que tanto me han hablado?” Preguntaba fingiendo ansiedad Antonio. En el fondo la sola idea de comer esas harinas, ingerir todo el colesterol en esas carnes le ofuscaba, ¡qué pesado podría resultar ese potaje!; su miedo a engordar le hacía preguntarse “¿cómo me luciré así al lado de mi futura esposa?” Ella acababa de ser elegida “Señorita Trujillo”.<br />“Calculo que será cerca del medio día aunque normalmente se sirve a las diez de la mañana” iba respondiendo ella sin reparar el efecto que esas palabras tendrían en su futuro esposo. “Es un plato que en el pasado era el desayuno de los jornaleros del campo, es muy típico.” Él sintió que su desagrado aumentaba; a su prejuiciosa observación había que agregarle un detalle más: era una comida de campesinos “¡qué asco!” , dijo para si mismo. En el peor de los casos les concedería la ventaja por ser la primera vez que visitaba a sus futuros suegros y porque además le habían hablado mucho de ese plato típico. Como visitante tendría que hacer el sacrificio, pero eso sí, nunca más, prometió.<br /> <br />-Busco la Borrada Julia -carraspea y le responde con una seguridad forzada para recobrar su desconcierto y minimizar el ridículo. <br />-¡Habérmelo dicho antes!, Justo está allá al frente, caramba amigo, por allí debió haber empezado, así le hubiera costado menos el servicio.<br />-Bueno, ya está, no pasa nada ¿Qué te debo? -pregunta apurado, saca el dinero, se lo entrega sin esperar el cambio y, maletín bajo el brazo, desciende raudo del coche mascullando:<br />–¡Qué se habrá creído ese! ¿Qué yo soy tonto? -Calcula el importe y se da cuenta que ha pagado cuatro veces más de lo acostumbrado.<br />                Solo, parado en la esquina de una calle que no conoce y acomodando de un lado a otro el nudo de la corbata, siente que unas gotas de sudor surcan su frente. <br />–¡Puf! Qué calor  hace, ¡Qué clima! -Se dice a si mismo. Esa sensación era producto del bochorno de la circunstancia y su avidez por la comida a pesar que debajo del yérsey una sinuosa barriga delata su aumento de peso en complicidad con las otras partes de su cuerpo y sus placeres. Antonio recuerda con ajena fijación su atlético cuerpo de hace dos años y piensa en cómo estos últimos tiempos los esfuerzos de Raquel por controlarle la vida van desde elegir su vestido hasta seleccionar sus alimentos pues ha aumentado veinte kilos. Esto también le inquieta, aunque ahora menos porque igual se va a dar un gustito hoy.<br /> <br />            Todavía con el sabor del desayuno en la boca y las ansias por volver a comer que le aguijonean la panza, observa que una infinidad de buses y mini buses deteniéndose en donde se les antoja, no le dejan cruzar. Antonio, esperando a que se detenga el tráfico en algún momento, echa un vistazo, angustiado, a reconocer y encontrar el “bendito  local”, busca un letrero, algún indicio, algo que le muestre, pero nada. “Al fin de cuentas ese cabrón nunca me dijo con exactitud dónde quedaba La Borrada Julia, ¡será capullo!” <br />Tras su confusión y disgusto afloran su ganas por almorzar con mayor ímpetu, se aventura a cruzar la calzada por donde mejor puede hasta lograrlo toreando un sin fin de autos. Sin saber siquiera qué hacer ni dónde queda el susodicho lugar, insiste en seguir buscando “sería lo último que me podría pasar, estando en donde quiero, no encontrar lo que tanto anhelo” y se le iba figurando el almuerzo, los jugos gástricos caldeándose, el sudor por el cuerpo bañándolo hasta que por fin observa sobre la acera una pequeña pizarra donde apenas se lee “Hoy Lunes – Shambar” escrito en tiza de escayola para escolar. ¡Ostras! , exclama. <br />            Apenas lo ha encontrado y su estómago empieza a crujir, “Tranquilo, tranquilo” le dice arrullándolo mientras acaricia su voluminoso bandullo, sin más espera ingresa de prisa. Una vez dentro el aspecto y el olor del ambiente le hace pensarlo dos veces y cuando está decidiendo si quedarse o irse se le acerca una señorita de baja estatura y de carnes sólidas redondeadas,  que con una sonrisa y una parda mirada le dice:<br />            -¿Qué le puedo servir?, pase, acomódese -dando un pequeño saltito, se hace a un lado retirándole la silla para indicarle que tome  asiento. Aún sin poder decir nada, Antonio piensa en la graciosa cortesía que ella le ha mostrado y en cómo sencillamente y sin poder ofrecer resistencia ha ido obligando a quedarse.<br />            -Pues, cuando puedas me traes la carta -Es lo único que atina a decir conforme va acomodando su rechoncha figura en la pequeña silla.<br />            Ella, sonriéndole, se retira mientras voltea a mirarlo; y repite el acto una y otra vez hasta que desaparece entre unas improvisadas cortinas que separan el ambiente. “¡Qué buena que está esta camarera! , piensa mientras que entre el desorden de las mesas alcanza a mirarle el trasero. Al rato, ella sale nuevamente y yendo directamente hacia él, un poco ruborizada, le pregunta: <br />            -Disculpe señor, pero ¿Qué quiere decirme usted con “carta”? No le entiendo; aquí sólo se vende Frito de Chancho y Caldo de Gallina, los lunes hasta el medio día Shambar y los jueves Patazca.<br />            -Eso mismo quise decir, que me traigas un Shambar, perdona -dice otra vez, reparando en la cándida sonrisa de la camarera. Amablemente, le guiña y la deja ir. Recuerda que no está en Madrid y que aquel lugar a donde ha ingresado no puede ni comparase con una tasca y que eso era un garito por allí no más.<br /> <br />            Un convoy de ajetes picados entreverados con cilantro ahogándose en una salsa roja con un aroma picante dentro de un cazo de arcilla y a su costado un salero sucio impregnado de huellas digitales grasientas y junto a este, un limón en cuartos, todos dentro de un improvisado plato extendido, “adornan la mesa”, pero el olor a keroseno en el ambiente, las mesas de tablas cubiertas con hules de motivos frutales medios desteñidos y agujereados, las sillas  de madera tejidas con paja, los zumbidos y maniobreos intrépidos de moscas intrusas que posan por allí y revoletean sobre su cabeza y ese pequeño perro chucho  que escamotea los restos de las fritangas caídas al suelo, le hacen pensar si acaso no se ha equivocado y si “tanta belleza” es cierta. Le habían contado que en ese sitio se come “el mejor Shambar del mundo”.<br />Mientras se pregunta el significado de esa palabra, aparece ante él la camarera con un pequeño platito repleto de maíz frito del color del cobre con cristales de sal adheridos.<br />            -Es un “cariñito de la casa”, cancha para abrir el apetito y aguantar la espera -agrega ella al momento de colocarlo sobre la mesa. Suena paradójico, “desesperar y esperar a la vez”, poco a poco se le va haciendo agua la boca. <br />Él, sonriendo, le agradece y muerde un grano de maíz. Cierra los ojos.<br />Mientras lo esta disfrutando, al poco rato le ponen frente un vaporoso plato de sopa colorada y espesa, con unos detalles de hojas verdes finamente  picadas esparcidas sobre la superficie y unas suculentas presas que asoman sutiles desde el fondo del recipiente. Son trozos de jamón del país. <br />Al primer cucharazo ve elevarse celestiales nubes llenas de apetitosos aromas, cierra los ojos y deja que su olfato haga el reconocimiento de los olores no muchas veces experimentados pero penetrantes, nuevos para su gusto pero sabrosos; siente cómo su estómago se va preparando a recibir ese alimento cálido, reparador y que entre gruñidos y estrujones parece decirle “Gracias”. Las mandíbulas apresan el alimento dibujando sinuosos movimientos en los cachetes, que poco a poco se van coloreando, gotas de sudor escurren por las sienes.<br />Al segundo cucharazo le siguen los demás sin detenerse y entre cucharada y cucharada un gemido; va poniendo en su boca pequeños trozos de pellejo de chancho entreverándolos con el sabor de las menestras; reconoce los pellejos como aquellas pieles que vio colgadas de alguna tira secando entre el fogón de la cocina y el lavadero, oreándose a la intemperie, aquella primera vez que visitó a los padres de Raquel, pero ya ni eso le importa y sigue adelante en su gastronómica aventura. Sólo se detiene para despedazar la carne que asoma casi completa desde el fondo, acerca un trozo a su boca y con solo tocarla con los labios termina deshaciéndose y depositándose en el paladar; suave y delicadamente curada, en buen punto, tanto que le trae a la mente el sabor de esos jamones que sabía probar en España pero que gracias a Dios parece reencontrar, aunque en presentación distinta. “¡Qué mujeres ni qué mujeres! ¡Esto está más bueno que las mujeres!” Sentencia.<br /> <br />La imagen de Raquel tampoco le persigue, ya no se asusta de recordarla señalándole y diciéndole que deje tal o cual comida que en las madrugadas se levanta en silencio a engullir, “Aunque me ponga a reventar, con tal que le sea fiel, , no me importa que ella se enfade” se dice a si mismo, sin embargo un pequeño temor le electriza el cuerpo. Nunca imaginó que el Shambar le cambiaría la vida. Al placer de la carne le ha agregado un aliado también sensual: La comida. <br />“Comamos y bebamos que mañana hemos de morir” es su respuesta cada vez que Raquel le dice que esta gordo y no sea goloso. Antonio se aprovecha de su generosidad femenina  y de su seguridad en que ella le ama.<br />El sabor de la hierbabuena se entremezcla sigilosamente con el ají panca sofrita y el ajo en cantidades imperceptibles acompañado de los demás aderezos le da un sobrio y elegante despliegue de sabor que discurre y debate a su cerebro en una lucha de comparaciones entre un cocido madrileño y el Shambar. Al final no resiste más, se deja llevar por los sentidos y disfruta de la sopa, se subyuga a su andino sabor. <br /> <br />Suena el móvil y despertándose de todas esas sensaciones contesta la llamada, es Raquel que le pregunta la hora en que pasará por ella y cuándo irán a la playa de Huanchaco a visitar a los tíos; dice que no tardará, que le ha ido bien en el banco, que está paseando por la ciudad y se encuentra por la Avenida España, que la esperase con los suegros, preparados, pues pronto pasará por ellos, que no se ha olvidado,  nunca olvidará que hoy es lunes, y justo estaba pensando en ella y que la quiere.<br /> <br />Se limpia la boca con unos papeles que simulan a servilletas, lisos y de una dureza semejante a hojas de cuaderno escolar o de pliegos para envolver cosas, cortados a filo de cuchillo en tamaños sin cuidados y dispuestos en un vaso improvisado como servilletero, mal lavado y de un plástico roñoso;  eso ahora lo tiene sin cuidado, está satisfecho de haber comido ese potaje típico del que aquella primera vez especuló dudosamente y ahora le hace sentir feliz, pero “¿Hasta cuando?” era su preocupación, y continuaba pensando en ella.  “¡Bah! Por un plato de sopa seguro que no iré al infierno, además, Dios creó también el hambre y la satisfacción de aplacarlo”. Ella no tiene por qué saberlo; pide la cuenta,se pone de pie, paga y se va.<br /><br />]]></content>
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		<title>Una Canción Sosegada</title>
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		<content type="text/html" mode="escaped"><![CDATA[<br />Días perezosos que se vierten <br />inútiles <br />por mi ventana,<br />mañanas frías y nubladas<br />que opacan las ganas de vivir<br />… de no estar a tu lado<br />¿Qué sería?<br /><br />En tus manos tibias <br />de puro consuelo,<br />en   tus labios ardientes<br />de puro deseo,<br />en tu tibio cuerpo <br />pleno de amor, pasión <br />y deseo,<br />renazco,<br />como lo hace la flor a la mañana,<br />como canta el ave al alba,<br />como la noche a las estrellas.<br /><br />Sin ti<br />¿Qué sería?<br /><br />Pesarían las horas, serían eternas<br />mis cruz sometería <br />mis ganas y mi lucha<br />a un afán<br />penoso<br />de luchar por nada.<br /><br />]]></content>
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		<issued>2007-06-09T00:00:00Z</issued>
		<modified>2007-06-09T00:00:00Z</modified>
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