VENGO 
Yo vengo del siglo pasado,
ausente,
trayendo en pena
angustia rezagada
desde los confines de los tiempos,
sediento de llorar los llantos
todos
los que no he llorado,
llantos atrasados
que ni siquiera los he gemido
por vergüenza
o por perjuicio,

por el infortunio de querer

y ser humano;

buscador pertinaz de verdades y bellezas
en transparencias de hojas otoñales,
texturas de troncos fértiles,
siluetas escarpadas por la ola
(espuma que dibuja sobre la arena
sensaciones infinitas, que luego escapa)
en escurridizas formas
de la realidad,
amistades,

para sufrir menos el deshielo
que tengo en el alma
que me sume a preguntarme
¿Cómo huele el cuerpo de la mujer que amo?
¿A fragancia de mares tranquilos,
a cipreses en abril
o a descansado aroma
cual humedecida roca esperando
brindar su tesoro?

¡Por amor a Dios,
bésame!
que para eso sólo necesitas
tus labios
y no me temas...
traigo conmigo
la vocación de ausente
y un bello desorden
donde las flores crecen libres
sin permiso.

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